martes, 18 de noviembre de 2014

HACIA LOS 500 AÑOS DE CUMANÁ
Rómulo Maldonado


            Todo parece indicar que llegaran los quinientos años de la fundación de Cumaná y nos encontraremos con mucho ruido y pocas nueces. Ya finalizando el 2014  no vemos ningún movimiento que nos haga suponer que comienzan los trabajos de algo. Se oyen rumores, propuestas, propaganda, cifras y más cifras; pero nada en concreto. Una fecha tan importante para la ciudad corre el riesgo de pasar sin pena ni gloria.
            Se dice que se harán los juegos deportivos nacionales, lo cual no dudamos,  para lo cual se remodelará las instalaciones del polideportivo Félix “Lalito” Velásquez. Se dice que todo lo costeará PDVSA. Se dice que harán cinco mil casas. Se dice que editarán unos libros y hasta puede que un premio se entregue; sin embargo todo parece indicar que no hay criterio para conmemorar tan importante fecha.
            Si vemos lo que significó para Londres las olimpiadas, guardando las distancias, podríamos darnos idea de lo que significa eso para una ciudad. Tan sólo el complejo de piscinas costó 360 millones de euros. Hicieron una planificación con tiempo, una presentación a sus pobladores de lo que se va ha hacer, una discusión de lo correcto y necesario y, sobretodo, tuvieron claridad de objetivos en función de lo importante de la fecha. Vayamos a otro sitio, el mundial de futbol de Brasil, no sólo son canchas, es renovar el urbanismo de las ciudades participantes. En cualquier ciudad del mundo una fecha como esta es transcendental, en ello se le va su orgullo e historia. Aquí parece que es al revés. En el año de 1995 cuando se conmemoró los doscientos años del natalicio de Antonio José de Sucre, manifestamos lo mismo. ¿Qué se hizo para la fecha? Lo mismo que estamos viendo para los quinientos años de Cumaná, bastante pintura, mucho protocolo y propaganda por doquier. De todo aquello ¿qué quedó? Una avenida perimetral, que ya existía, asfaltada, en la que sobrevive la plaza de las banderas, un desfile que ya nadie recuerda, con fragatas misilísticas y aviones de combate supersónicos, un polideportivo pintadito y un delfín de cemento como mascota, algún libro de algún poeta y las rayas de un pintor que el único mérito que tiene es haber conocido a Jesús Soto, el insigne artista cinético. ¿Algo nuevo? Nada ¿Algo trascendental? Nada. ¿Autosustentable? Para nada. La misma piscina olímpica que hay desde que se construyó el polideportivo en 1975, en la gestión de Carlos Andrés Pérez, el mismo Museo Ayacucho, del mismo autor, el mismo aeropuerto con algunas mejoras y retoques, del mismo autor, el mismo parque Ayacucho, del mismo autor.
            Y Cumaná tiene necesidades urgentes que pueden significar no sólo obras de transcendencia para la ciudad sino solución a problemas de vieja data. Por ejemplo, es necesario el rescate del casco histórico de la ciudad o el embaulamiento del río Manzanares. Sabemos de proyectos que promueven entre otras cosas que el río Manzanares pueda albergar todo un sistema urbanístico que solucionaría cosas como un centro cultural digno de una capital, un centro de convenciones y área comercial que permitiría una modernización de la ciudad y la verdadera entrada al siglo XXI de la misma.
            Veamos ciudades como París, Londres, Madrid, Praga, Chicago, etc., etc., todas tienen en su río parte del alma de su gentilicio. Siempre, en cualquier lugar del mundo los seres humanos construyeron sus ciudades a la orilla de un río, por una cosa tan sencilla como tener una fuente de agua dulce. En el Nilo floreció el gran Egipto. Sin embargo… ¡Hay Cumaná, quien te viera…y por tus calles pasara! No sólo se le ha dado la espalda al corazón de su génesis sino que no se lo recuerda y, lo peor, no se lo toma en cuenta.
            Del casco histórico ya se ha hablado hasta la saciedad, del Castillo San Antonio de la Eminencia sabemos las “gracias” que le han hecho, de las obras de infraestructura tan esperadas ni que se diga, de la Ciudad Marina sólo queda el recuerdo y una maqueta. Ni siquiera la biblioteca de la Universidad de Oriente (UDO) con más de treinta años en construcción. De la autopista ni que se diga. Del centro cultural de la ciudad nada, del centro de convenciones nada, de conglomerados industriales nada, de espacios públicos nada y, lo peor, de participación del ciudadano, nada.
            Ante esta situación queremos, sólo como ejercicio mental, proponer un tema posible que si tendría sentido dentro del significado de la fecha. Pero, que para tal fin debemos tener claro algunos puntos: Primero y antes que nada debemos definir y entender qué conmemoramos, es menester entender que la fundación de la ciudad de Cumaná fue realizada por los españoles, esos seres blancos y católicos tan odiados en el presente pero sin los cuales no podríamos definirnos y aceptarnos. Segundo, es una fecha de la ciudad no de una persona, de un grupo, de una tendencia, es de toda la comunidad que hace vida en la ciudad y, tercero, se conmemora la alegría de mantenerse en el tiempo haciendo su historia, creando su particularidad y presentando sus deseos y esperanzas hacia el futuro. Es decir, para conmemorar los quinientos años de la fundación de Cumaná debe entenderse que lo que se haga sea apoyado, aprobado y apreciado por los habitantes de la misma y debe hacerse respondiéndonos las preguntas simples que día a día nos hacemos cuando transitamos nuestra cotidianidad.
            Recuperar el Polideportivo Félix “Lalito” Velásquez no puede ser una acción para semejante fecha, es un normal proceso de mantenimiento y mejoras que debe tener cualquier infraestructura en cualquier ciudad, no es algo extraordinario, alegrarnos por eso es conformarnos con poco, es menospreciarnos y aceptar el desprecio del poder. Nosotros, creemos por el contrario en algo nuevo, que signifique un hito en la estructura urbanística de la ciudad. Proponemos crear el Paseo Río Manzanares, de tal manera que siendo el corazón de la ciudad efectivamente comience a palpitar con un urbanismo que contenga centro cultural, centro de convenciones, paseo turístico y paseo peatonal. No hay que ir muy lejos podemos tomar nota del paseo homónimo río Manzanares de Madrid, España.
            El paseo o intervención arquitectónica realizado en Madrid, que lleva el nombre, obvio, de Madrid Río es una proeza de autopista peatonal inaugurada en abril de 2010 que enterró autopistas, recuperó el tejido urbano de los márgenes del río Manzanares, creó un corredor que une grandes zonas verdes como la Casa de Campo o el parque del Oeste y, finalmente, ha devuelto el río a la ciudad, en un proyecto coral dirigido por el estudio Ginés & Garrido. Fue en el año 2005 que el Ayuntamiento, la Alcaldía para nosotros, convocó un Concurso Internacional de Ideas con el objetivo de obtener propuestas para la ordenación y urbanización de este gran vacío. Se trataba de proyectar un gran parque urbano de 6 km. de longitud y 1.500.000 m² de superficie en ambas márgenes del río. Se hizo de manera abierta y anónima. Con el desarrollo de la propuesta, el río Manzanares se convirtió en el punto de conexión entre ambos entornos, mediante la construcción de un corredor arbolado en su ribera y la implantación de diversos puentes y pasarelas que enlazan transversalmente con los bloques urbanos.
            Si el mismo criterio lo aplicamos a nuestra ciudad, el río Manzanares de Cumaná se transformaría en lo que fue originalmente para nosotros, el corazón y punto de conexión entre los entornos urbanísticos de la ciudad. Recordemos que en Cumaná el río separaba espacialmente las clases sociales generando una clara diferenciación entre los que estaban hacia la iglesia Santa Inés y quienes vivían en los barrios río abajo.
            Una imagen, diría premonitoria, existe hoy con el Museo Ayacucho. Si lo vemos desde la margen del río que ocupaba el antiguo mercado de la ciudad podemos visualizar una estructura imponente, cuya puerta de entrada está clausurada desde siempre pudiendo ser, por el contrario, su entrada principal, teniendo una vista estupenda y, que podría ser espectacular, si contara con la iluminación y ornato idóneo y fuese parte de un complejo de amplio aliento llamado Paseo 500 años. Conectar esta parte de la ciudad con el Parque Guiquerí, modernizando y adaptando su forma en un solo criterio y modelo que garantice su funcionalidad social, urbanística y económica sería el mejor regalo a los cumanesés en los quinientos años de Cumaná.
            Creemos que en la hipotética realización de este paseo el mismo solucionaría varias tareas pendientes de la ciudad. El embaulamiento del río propiamente tal, la construcción de un centro de convenciones hasta ahora inexistente y necesario, el mejoramiento y ampliación del museo Ayacucho, la unión del teatro Luis Mariano Rivera al corredor cultural que debería transformar el parque Ayacucho, el comienzo de una actividad económica turística importante con la implantación de la navegabilidad del río, cafés, paseo peatonal y recreacional y, sobretodo, puente entre la Cumaná comercial y residencial.
            Soñar no cuesta nada dicen los mayores, pero sin sueños la vida es inercia. Soñar es la Acadia prometida, el paraíso ofrecido, el motor que da sentido al ímpetu que todos llevamos dentro.



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