HACIA LOS 500 AÑOS DE
CUMANÁ
Rómulo
Maldonado
Todo parece indicar que llegaran los
quinientos años de la fundación de Cumaná y nos encontraremos con mucho ruido y
pocas nueces. Ya finalizando el 2014 no
vemos ningún movimiento que nos haga suponer que comienzan los trabajos de
algo. Se oyen rumores, propuestas, propaganda, cifras y más cifras; pero nada
en concreto. Una fecha tan importante para la ciudad corre el riesgo de pasar
sin pena ni gloria.
Se dice que se harán los juegos
deportivos nacionales, lo cual no dudamos, para lo cual se remodelará las instalaciones
del polideportivo Félix “Lalito” Velásquez. Se dice que todo lo costeará PDVSA.
Se dice que harán cinco mil casas. Se dice que editarán unos libros y hasta
puede que un premio se entregue; sin embargo todo parece indicar que no hay
criterio para conmemorar tan importante fecha.
Si vemos lo que significó para
Londres las olimpiadas, guardando las distancias, podríamos darnos idea de lo
que significa eso para una ciudad. Tan sólo el complejo de piscinas costó 360
millones de euros. Hicieron una planificación con tiempo, una presentación a
sus pobladores de lo que se va ha hacer, una discusión de lo correcto y
necesario y, sobretodo, tuvieron claridad de objetivos en función de lo
importante de la fecha. Vayamos a otro sitio, el mundial de futbol de Brasil,
no sólo son canchas, es renovar el urbanismo de las ciudades participantes. En
cualquier ciudad del mundo una fecha como esta es transcendental, en ello se le
va su orgullo e historia. Aquí parece que es al revés. En el año de 1995 cuando
se conmemoró los doscientos años del natalicio de Antonio José de Sucre,
manifestamos lo mismo. ¿Qué se hizo para la fecha? Lo mismo que estamos viendo
para los quinientos años de Cumaná, bastante pintura, mucho protocolo y
propaganda por doquier. De todo aquello ¿qué quedó? Una avenida perimetral, que
ya existía, asfaltada, en la que sobrevive la plaza de las banderas, un desfile
que ya nadie recuerda, con fragatas misilísticas y aviones de combate
supersónicos, un polideportivo pintadito y un delfín de cemento como mascota,
algún libro de algún poeta y las rayas de un pintor que el único mérito que
tiene es haber conocido a Jesús Soto, el insigne artista cinético. ¿Algo nuevo?
Nada ¿Algo trascendental? Nada. ¿Autosustentable? Para nada. La misma piscina
olímpica que hay desde que se construyó el polideportivo en 1975, en la gestión
de Carlos Andrés Pérez, el mismo Museo Ayacucho, del mismo autor, el mismo
aeropuerto con algunas mejoras y retoques, del mismo autor, el mismo parque
Ayacucho, del mismo autor.
Y Cumaná tiene necesidades urgentes
que pueden significar no sólo obras de transcendencia para la ciudad sino
solución a problemas de vieja data. Por ejemplo, es necesario el rescate del casco
histórico de la ciudad o el embaulamiento del río Manzanares. Sabemos de
proyectos que promueven entre otras cosas que el río Manzanares pueda albergar
todo un sistema urbanístico que solucionaría cosas como un centro cultural
digno de una capital, un centro de convenciones y área comercial que permitiría
una modernización de la ciudad y la verdadera entrada al siglo XXI de la misma.
Veamos ciudades como París, Londres,
Madrid, Praga, Chicago, etc., etc., todas tienen en su río parte del alma de su
gentilicio. Siempre, en cualquier lugar del mundo los seres humanos
construyeron sus ciudades a la orilla de un río, por una cosa tan sencilla como
tener una fuente de agua dulce. En el Nilo floreció el gran Egipto. Sin
embargo… ¡Hay Cumaná, quien te viera…y por tus calles pasara! No sólo se le ha
dado la espalda al corazón de su génesis sino que no se lo recuerda y, lo peor,
no se lo toma en cuenta.
Del casco histórico ya se ha hablado
hasta la saciedad, del Castillo San Antonio de la Eminencia sabemos las
“gracias” que le han hecho, de las obras de infraestructura tan esperadas ni
que se diga, de la Ciudad Marina sólo queda el recuerdo y una maqueta. Ni
siquiera la biblioteca de la Universidad de Oriente (UDO) con más de treinta
años en construcción. De la autopista ni que se diga. Del centro cultural de la
ciudad nada, del centro de convenciones nada, de conglomerados industriales
nada, de espacios públicos nada y, lo peor, de participación del ciudadano,
nada.
Ante esta situación queremos, sólo
como ejercicio mental, proponer un tema posible que si tendría sentido dentro
del significado de la fecha. Pero, que para tal fin debemos tener claro algunos
puntos: Primero y antes que nada debemos definir y entender qué conmemoramos, es
menester entender que la fundación de la ciudad de Cumaná fue realizada por los
españoles, esos seres blancos y católicos tan odiados en el presente pero sin los
cuales no podríamos definirnos y aceptarnos. Segundo, es una fecha de la ciudad
no de una persona, de un grupo, de una tendencia, es de toda la comunidad que
hace vida en la ciudad y, tercero, se conmemora la alegría de mantenerse en el
tiempo haciendo su historia, creando su particularidad y presentando sus deseos
y esperanzas hacia el futuro. Es decir, para conmemorar los quinientos años de
la fundación de Cumaná debe entenderse que lo que se haga sea apoyado, aprobado
y apreciado por los habitantes de la misma y debe hacerse respondiéndonos las
preguntas simples que día a día nos hacemos cuando transitamos nuestra
cotidianidad.
Recuperar el Polideportivo Félix
“Lalito” Velásquez no puede ser una acción para semejante fecha, es un normal
proceso de mantenimiento y mejoras que debe tener cualquier infraestructura en
cualquier ciudad, no es algo extraordinario, alegrarnos por eso es conformarnos
con poco, es menospreciarnos y aceptar el desprecio del poder. Nosotros,
creemos por el contrario en algo nuevo, que signifique un hito en la estructura
urbanística de la ciudad. Proponemos crear el Paseo Río Manzanares, de tal
manera que siendo el corazón de la ciudad efectivamente comience a palpitar con
un urbanismo que contenga centro cultural, centro de convenciones, paseo
turístico y paseo peatonal. No hay que ir muy lejos podemos tomar nota del paseo
homónimo río Manzanares de Madrid, España.
El paseo o intervención arquitectónica
realizado en Madrid, que lleva el nombre, obvio, de Madrid Río es una proeza de autopista peatonal inaugurada en abril de 2010 que enterró
autopistas, recuperó el tejido urbano de los márgenes del río Manzanares, creó
un corredor que une grandes zonas verdes como la Casa de Campo o el parque del
Oeste y, finalmente, ha devuelto el río a la ciudad, en un proyecto coral
dirigido por el estudio Ginés & Garrido. Fue en el año 2005 que el
Ayuntamiento, la Alcaldía para nosotros, convocó un Concurso Internacional de
Ideas con el objetivo de obtener propuestas para la ordenación y urbanización
de este gran vacío. Se trataba de proyectar un gran parque urbano de 6 km. de
longitud y 1.500.000 m² de superficie en ambas márgenes del río. Se hizo de
manera abierta y anónima. Con el desarrollo de la propuesta, el río Manzanares
se convirtió en el punto de conexión entre ambos entornos, mediante la
construcción de un corredor arbolado en su ribera y la implantación de diversos
puentes y pasarelas que enlazan transversalmente con los bloques urbanos.
Si el mismo criterio lo
aplicamos a nuestra ciudad, el río Manzanares de Cumaná se transformaría en lo
que fue originalmente para nosotros, el corazón y punto de conexión entre los
entornos urbanísticos de la ciudad. Recordemos que en Cumaná el río separaba
espacialmente las clases sociales generando una clara diferenciación entre los
que estaban hacia la iglesia Santa Inés y quienes vivían en los barrios río
abajo.
Una
imagen, diría premonitoria, existe hoy con el Museo Ayacucho. Si lo vemos desde
la margen del río que ocupaba el antiguo mercado de la ciudad podemos
visualizar una estructura imponente, cuya puerta de entrada está clausurada
desde siempre pudiendo ser, por el contrario, su entrada principal, teniendo
una vista estupenda y, que podría ser espectacular, si contara con la
iluminación y ornato idóneo y fuese parte de un complejo de amplio aliento
llamado Paseo 500 años. Conectar esta parte de la ciudad con el Parque
Guiquerí, modernizando y adaptando su forma en un solo criterio y modelo que
garantice su funcionalidad social, urbanística y económica sería el mejor
regalo a los cumanesés en los quinientos años de Cumaná.
Creemos que en la hipotética realización de este paseo el mismo
solucionaría varias tareas pendientes de la ciudad. El embaulamiento del río
propiamente tal, la construcción de un centro de convenciones hasta ahora
inexistente y necesario, el mejoramiento y ampliación del museo Ayacucho, la
unión del teatro Luis Mariano Rivera al corredor cultural que debería
transformar el parque Ayacucho, el comienzo de una actividad económica
turística importante con la implantación de la navegabilidad del río, cafés, paseo
peatonal y recreacional y, sobretodo, puente entre la Cumaná comercial y
residencial.
Soñar no cuesta nada dicen
los mayores, pero sin sueños la vida es inercia. Soñar es la Acadia prometida,
el paraíso ofrecido, el motor que da sentido al ímpetu que todos llevamos
dentro.
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