Faltan cinco pa las doce, el año va a terminar me voy corriendo a mi casa a saludar a mi mamá...reza la canción, un clásico de las gaitas. De manera jocosa nos describe en nuestra forma cotidiana de ser, todo para el final, todo sin planificar. No nos damos por enterados que es fundamental estar con nuestra familia, con mamá, al momento de pasar al nuevo año y es en esa circunstancia que nos preguntamos "viejo año que te pasa"
De igual manera los quinientos años de Cumaná se están convirtiendo en la gaita de improvisación en donde los gobernantes, apurados, concentrados en sus bebidas con los amigos, en el derrape, se acuerdan que tienen una ciudad en el oriente del país que cumple no sólo sus primeros quinientos años sino las primeras 5 centurias de la primogénita del continente americano. No es poca cosa diría yo; pero parece que para algunos es algo deleznable, una fiesta aburrida, la celebración del amigo bobo, del nerd de la escuela, al que todos eluden, donde no hay carajitas, ni whisky del bueno, ni siquiera música de mi agrado, es una fiesta, que como un pésame, se ven obligados a ir.
Cada día falta menos para la fecha y no hay mucho que mostrar.
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